por Amaia Iturri (@aiturrialbizu) del área de Consumer Engagement de LLORENTE & CUENCA

En 2003 Henry Jenkins acuño el término “Transmedia Storytelling” a la técnica utilizada para contar historias a través de múltiples plataformas y soportes. El uso de la narrativa transmedia o el transmedia storytelling en múltiples ámbitos ha abierto un abanico de posibilidades para todos aquellos que quieran crear, contar, discutir o denunciar un hecho, servicio o acción.

En un contexto en el que los recursos económicos son escasos hay algo que no tiene precio: el engagement.

El activismo también ha sabido aprovechar las oportunidades que brinda lo digital con el Activismo Transmedia. A continuación vamos a analizar cómo esta herramienta de comunicación parte de la idea de compartir historias y habilidades para crear un trabajo en común y que conduce a cambios significativos. En otras palabras, vamos a dar a conocer la capacidad de este concepto para unificar una historia al servicio de una causa gracias al uso y diseño de plataformas sociales con el objetivo de generar un cambio social. Se trata de utilizar todos los recursos, canales y medios disponibles para divulgar un mensaje al mayor número de receptores creando elementos de visibilidad masiva relacionados con la cultura popular.

Lina Srivastava es una de las pioneras en divulgar este concepto.  El `Transactivism´, su traducción en inglés, crea un marco donde múltiples actores de manera descentralizada y a través de distintos formatos, producen contenido de apoyo a una causa demandada por la sociedad o un individuo. A través del Storytelling, los Stakeholders (actores implicados) y las comunidades que cooperan, cocrean y colaboran se configura un universo de acción que posibilita que determinados problemas tengan visibilidad y  puedan ser discutidos, abordados y gestionados de manera descentralizada. Francisco Polo, un reconocido emprendedor social de España, afirmaba en las jornadas del Transmedia Living Lab de Telefónica que “todo el activismo es siempre transmedia porque busca llegar a la gente a través de diferentes medios”. Aunque el principal problema de los discursos y modos de hacer de los activistas como los del 15M, fue la falta de una narrativa común.

Henry Jenkins pone como ejemplo del poder del transmedia el movimiento ‘Occupy Wall Street’. El profesor destaca la capacidad que tuvieron los miembros de este movimiento para crear mitos de Hollywood a través de diferentes personajes icónicos como Batman, Los Simpsons, Barrio Sésamo, etc. Todos ellos fueron utilizados para difundir los mensajes de protesta contra el sistema.

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No todos los intentos de lograr un activismo transmedia eficaz han funcionado y tampoco se puede confiar en una metodología vencedora. Lina Srivastava en su documental, The devil came on horseback sobre la crisis de Darfur, siguió los mismos pasos que en el primero que fue un verdadero éxito: crearon una plataforma web,  realizaron cortos, un libro, recopilaron más de 7.000 fotografías, y gracias al proyecto la plataforma se convirtió en seguida en una herramienta útil para el activismo que tenía el objetivo acabar con la crisis en este país. Srivastava afirma que aprendió algo fundamental con este proyecto y es que en el éxito, el contexto tiene mucho que ver y más aún en zonas de conflicto donde las connotaciones geopolíticas inlfuyen directamente en la sociedad. Es decir, a pesar de haber recaudado una gran cantidad de dinero la gente seguía siendo asesinada y esto no pudo ser evitado de ninguna manera.

Un ejemplo que materializa este concepto en España fue el boicot transmedia que se hizo a la candidatura de #Madrid2020 a ciudad Olímpica donde lo analógico y lo digital convergieron con un fin común. Para ello se realizaron varias acciones on y off.  Se creó el blog  “No queremos Madrid 2020” donde divulgaban datos, relatos, informaciones, etc. sobre los motivos por los que consideraban inadecuado el nombramiento de Madrid. También hicieron montajes visuales que llegaron a convertirse en memes virales, se creó el antilogo COBRI2020 que llegó a ser TT en varias ocasiones y que además, llegó a boicotear la cuenta oficial de manera excelente desde el punto de vista de la comunicación.   La campaña `No queremos los JJOO de 2020 en Madrid´ de oiga.me envió al Comité Olímpico Internacional más de 20.000 correos electrónicos.

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La candidatura finalmente no la ganó Madrid. No creemos que fuera únicamente por estas movilizaciones pero es importante tener en cuenta la acogida que tuvo en las redes, cómo funcionó el híbrido redes-calle y la eficaz convergencia digital-analógica que se dio en este periodo.

Ha habido críticas por parte de varios académicos que afirmaban que el activismo transmedia era ‘activismo pasivo’ . Sin embargo, diversos estudios han demostrado empíricamente que los ciberactivistas son proactivos y están comprometidos tanto en la red como en la calle. Es un lobby a tener en cuenta, un grupo de acción descentralizado, sin líderes oficiales y con una capacidad de movilizar a la sociedad inmensa. Por tanto es imprescindible conocer las dos caras de la misma moneda del `Activismo Transmedia´. La fuerza que tiene para elevar la reputación de una organización, producto o servicio y la capacidad que tiene de destruirla de manera coordinada en un espacio de tiempo muy breve.


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