El pequeño Timmy permanece absorto delante de la pantalla viendo cómo Indiana Jones escapa de una nueva situación de peligro. Sus padres le miran desde el sofá sonrientes, recordando que la  primera vez que fueron juntos al cine fue precisamente a ver esa película. Timmy se tapa los ojos cuando el villano arranca el corazón a sus víctimas, contiene la respiración cuando el doctor Jones está a punto de ser derrotado y sonríe cuando Tapón se tropieza torpemente. Está pasando uno de los mejores momentos de su corta existencia. Y, al mismo tiempo, ha aprendido desde que las serpientes pueden ser peligrosas o que hay que correr cuando ves una gigante bola de piedra hasta por qué los buenos son buenos y los malos no.

Si puede, el pequeño Timmy verá una y otra vez la película, se disfrazará como Indiana Jones, hablará como él, jugará con muñecos con su forma, dormirá con sábanas del explorador… en definitiva, su mundo girará alrededor de un personaje al que ha conocido en menos de dos horas y que ya forma, y formará, parte de su vida, de la misma manera que forma parte de la vida de sus padres.

Cuando vaya creciendo, Timmy repetirá la misma conducta, de forma más o menos consciente y más o menos expresiva, con deportistas, actores, youtubers, películas y personajes. Todos ellos formarán parte del mundo del entretenimiento de Timmy, un mundo formado, básicamente, por historias.

La fascinación del pequeño Timmy por las historias empieza en su cerebro y forma parte de un sistema de adaptación perfeccionado a lo largo de millones de años que ha permitido a la especie sobrevivir hasta nuestros días. ¿Qué papel han jugado las historias en este sistema?

Las historias activan la empatía

La empatía es la habilidad de imaginar lo que otras personas están pensando y sintiendo. En otras palabras, lo que nos hace ser capaces de ponernos en el lugar de otra persona.

Los neurocientíficos han descubierto que la empatía depende de una red de células en nuestro cerebro llamadas neuronas espejo, que se activan cuando realizamos una actividad. Pero lo que realmente es interesante respecto a estas células es que también se activan cuando vemos a alguien realizar una actividad. Gracias a ellas entendemos lo que otras personas están haciendo como si las hiciéramos nosotros mismos porque realmente nuestro cerebro está realizando esa misma actividad, y por eso  nos ayuda a comprender las emociones derivadas de la misma y empatizar con las personas que la están realizando.

Las neuronas espejo del pequeño Timmy se activaban cuando Indiana Jones corría delante de la bola de piedra gigante haciendo sentir al pequeño Timmy (inconsciente) que era él mismo el que corría. Por eso si pudiéramos haber medido las reacciones fisiológicas del pequeño Timmy en ese momento veríamos, entre otras, un aumento de la frecuencia cardíaca y una aceleración de la respiración, igual que el doctor Jones en la película.

Las historias nos ayudan a simular situaciones que no hemos experimentado directamente

Desde el punto de vista del procesamiento cerebral, no hay mucha diferencia entre leer sobre una actividad, verla en una película o experimentarla por nosotros mismos. En cada uno de estos casos se activan las mismas áreas cerebrales. Gracias a este fenómeno el pequeño Timmy es capaz de experimentar las mismas situaciones que Indiana Jones sin poner en peligro su vida y ser capaz de distinguir en un futuro las experiencias que podrían matarle de las que no. Y todo esto de forma totalmente inconsciente.

Las historias nos ayudan a asimilar nuevos conceptos

La neurociencia ha demostrado que cuando una historia consigue enganchar a alguien, esa persona tiende a generar menos argumentos en contra de lo que la historia le muestra. O sea, nos creemos más fácilmente, e integramos en nuestra memoria, lo que nos cuenta una historia que nos absorbe. El pequeño Timmy aprendió y asimiló mucho más rápido la historia del Santo Grial (la versión que cuentan en la película) que si la hubiera estudiado en cualquier libro de Historia.

Desde esta plataforma seguiremos hablando de cómo se relaciona nuestra mente con las historias y cómo influyen estos procesos en la forma de recibir y asimilar distintos mensajes. Lo que está claro es que nuestra mente conecta con las historias que nos entretienen, y que éstas tienen un peso mucho mayor del que somos conscientes en las decisiones que tomamos día a día y en nuestra forma de ver y procesar el mundo que nos rodea.

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