A menudo, detrás de los conceptos más retorcidos (y anglófilos) se esconden las cotidianidades más aceptadas. Sin embargo, no hay que minimizar el poder de la terminología para revelarnos realidades que hasta entonces habían permanecido opacas. Es el caso del tan traído y llevado Storytelling Transmedia en el mundo de la comunicación y del marketing.

Al fin y al cabo, la explosión del Storytelling no es más que la respuesta contemporánea a nuestra necesidad de identificarnos con historias en las que, ya sea por empatía o por oposición, nos vemos reflejados de alguna manera. El apellido transmedia responde, a su vez, a la realidad de nuestro consumo actual de contenidos. Superado el mito de la segunda pantalla, como consumidores de contenidos nos hemos convertido en unas audiencias hipervinculadas, con capacidad para relacionar ámbitos en un enriquecimiento de nuestra experiencia como usuarios de diferentes canales. El transmedia no es más que el reflejo de nuestro impulso natural de aportar algo a lo narrado, de acrecentar la sensación de estar enlazando las piezas de un gran puzzle que es el sentido global. Es por eso que el transmedia supone un primer paso para un reto aún mayor, el de lainteractividad. Las historias de la era digital no se cuentan a una voz, sino que son más bien el resultado de un coro que, en los casos de éxito, consigue construir una narrativa coherente.

El Storytelling – De las historias de las marcas a las del consumidor

¿Qué historias nos interesan primordialmente? Aquellas que nos cuentan algo sobre nosotros mismos. ¿Acaso alguna vez has volado de edificio en edificio enlazando telarañas? Seguramente no, pero tampoco cabe duda de que sabrás de qué te hablo al mencionar el peso de las decisiones y el lastre de sentirte superado a menudo por las circunstancias.

Las marcas sufren a día de hoy el síndrome de Peter Parker, ése que nos recuerda que “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Su capacidad creciente para comunicarse con el consumidor a través de múltiples canales implica una serie de obligaciones, la mayor de ellas la de entender las historias de sus audiencias y contarlas a través del entretenimiento. Cuando una marca lo consigue de manera creíble, véase Lego, su capacidad de impactar y generar engagement se multiplica.

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